sábado, 28 de marzo de 2009

La bestia

No levantes el espejo. Déjalo ahí volteado en el suelo y escucha tan sólo estas palabras que tengo por decir. No he sido siempre estos colmillos, no siempre han estado a la luz mis garras, ni jamás han resplandecido, como hoy, mis ojos. No es sino con un gran esfuerzo que puedo aminorar mi saliva. Ha sucumbido mi consciencia frente a frutas pintorescas, no es la primera vez que bebo agua de un charco de barro. Más bien empuña la espada, hermano, y lastima sin piedad el cuero duro; pon su arista del lado izquierdo y empuja hasta que la empuñadura me toque el pecho y un tifón de dolor y pena me recorra el cuerpo, desgarra sin piedad la carne, que todo el ser se retuerza, que el sufrimiento me torne humano.
He pisado tus jardines, he devorado los frutales, he esperado horas para aprovechar la carroña de tus banquetes, he arruinado tu primavera.
No lo levantes, deja que sufra. Si, prematuramente, lo alzas el dolor de ambos habrá sido vano y vana habrá sido la sangre derramada. Déjala derramarse hasta la última gota y no hagas caso de mi respiración forzosa, ni de mi andar errante, o de mi amargo llanto. Conozco mis maldades y mi debilidad me llevara a alimentarme de tu lealtad, déjame morir otro poco.
Ya es hora, camarada, ya fui brasas y cenizas, tierra y aire, luz y sombra. Alza sin dudar el cristal, deja que me refleje por entero y alégrate por verme perder el erizado pelo, retraer las dañinas garras, cerrar las ardientes heridas y retira por fin el hierro de tu espada. Es ahora, y liberado ya de mis propias ataduras que debo agradecerte, pues ha sido también tu sufrimiento el que ha lavado la maldad.

Dedicado a la otra mitad
Por ser isnpirador.


Garfield

Idiota una vez más

Maldita insatisfacción crónica.
Esa rosa que luego de sentirla se muere a mis pies.
Esa moneda de tres o cuatro caras.
El verdadero genio me insulta, "Tu tormenta es un rocío, ingenuo".
Esta soledad que hace la gente que me rodea.
Si ayer me embriagué en tus manos, ¿Por qué hoy no? Porque hoy no.
Ya no tengo las palabras, ya no tengo las palabras, ya no tengo las palabras. Belleza, sinonimos,academia, reglas, no puedo decir nada que "ya no tengo las palabras".
Los peones fueron reinas por un día y ahora están soberbios. Nacieron peones, peones morirán.
La navaja del Sida, natación por la vereda. Realidad. Mi poeta está hoy muerto, mis estúpidos ojos negros. Vuelve, vuelve ahora, que ya no tengo las palabras.
Mi tormenta es un rocío. Siempre odié el rocío.

jueves, 26 de marzo de 2009

Sólo sueños

Mientras mira la hoja de papel, siguiendo con la vista las mecanografiadas letras que pueblan la página apaisada y que formara -junto con las otras- tan sólo un capítulo intransigente en la inmensidad de un libro, su mano más hábil dibuja en una hoja en blanco algunos prolijos garabatos tratando de salvar del olvido algunas ideas gruesas. Hace ya dos horas que mira la hoja, lee un párrafo y anota una idea que se le escapa por la mitad del texto y vuelve a repetirse el proceso como una danza macabra que se burla de su concentración. Deberían bastar un par de minutos de descanso en los cuales seguramente arrojará la birome sobre el bloc de notas -algo fastidiado, por cierto- , dará uno o dos sorbos a ese mate frío que murió antes de empezar e inevitablemente la mente lo llevará hacia las utopías clásicas.
Sueña con ser una eminencia en su especialidad, con la grandeza, con el reconocimiento de sus largos estudios; vuelven a su mente los sueños a los que renunció antaño, ser músico, pintor, escritor, astronauta, bombero, policía honesto, héroe. ¿Cómo fue que sus expectativas flaquearon tanto? ¿En qué momento resolvió matar sin piedad esas fantasías tan saludables e inofensivas? ¿Cuándo cambió el ansia de conmover y verse gratificado por el fulgor de la gente, por el encierro en una oficina y un reconocimiento ocasional?
Por aquellos momentos, apenas si pensaba en su vida adulta, tan sólo quería compartir su genialidad oculta, pero dispuesta a estallar en el momento oportuno, con el resto del mundo, para que todos juntos pudieran reconstruir un mundo mejor. Y si, aquellos momentos terminaron, tal vez por la edad, tal vez por visitarlos una vez y a las perdidas, tal vez por la seguridad que ofrece una vida monótona a los pies de algún pez gordo, la seguridad de ser un número, nada por lo que la gente se inquiete, frente a la responsabilidad de pararse de frente ante algo irreal y comenzar a construirlo con gran esfuerzo, y si se desmorona comenzar de nuevo como al principio sin jamás exhalar palabra sobre la pérdida sufrida. No, no es para él, la paradoja de no atreverse a examinarse a fondo, cuando se sabe, supuestamente, lo que en verdad se anhela, para ver si se cumple con los requisitos necesarios para conseguirlo, no le provoca sino un extravío en la mirada hacia algún punto fijo en el cemento y apenas un esbozo de sonrisa que se escabulle rápidamente cuando se percata de que alguien lo observa


Garfield