lunes, 12 de enero de 2009

A quien corresponda



Tan sólo la llama de una vela parece iluminar los espacios de mi interior hacia donde miro, una luz tenue, frágil y titilante que intenta colmar una oscuridad por momentos infinita; y a pesar de que me esfuerzo por descifrar qué es lo que en tan honda tiniebla se gesta, apenas si puedo vislumbrar lo que parece ser no más que una brasa en un fuego abrasador.

Bastó simplemente una mirada, una palabra, una caricia, un abrazo para crear la duda que me acongoja; una incertidumbre fascinante, un ansia briosa, una herida terrible, un dolor perfecto. No obstante, algo de mi se retuerce extasiado entre la mas gloriosa dicha, casi muerto.

Es necesario admitir que la novedad aun me asusta, dudas terribles acosan mi mente de contínuo y todo mi cuerpo se rebela cuando, de frente mar, aparece. Es en ese instante cuando la tortura se vuelve irresistible, el frìo congela mi espina en una acelerada carrera hacia la nuca, mis manos tiemblan sin control, pierdo el dominio de la respiración, y la lengua y el cerebro funcionan totalmente inconexos dejando deslizarse por todo el continente de lo hablado, insalvables redundancias e incoherencias.

Si pudiera concedérseme un deseo tan sólo pediría que su mirada no ejerza sobre mi, un poder indomeñable, que ya no pueda leerme tan fácilmente como se deja leer un libro abierto, que ya no cuente, como pidió un poeta con "la mirada constante, la palabra precisa, la sonrisa perfecta". Que termine el imperio de su recuerdo sobre mi razón, y sobre todo, que deje de manar de sus labios la savia que me mata, y me revive.

Garfield

jueves, 1 de enero de 2009

Si (Rudyard Kipling)



Si puedes conservar tu cabeza, cuando a tu rededor
todos la pierden y te cubren de reproches;
Si puedes tener fe en ti mismo, cuando duden de ti
los demás hombres y ser igualmente indulgente para su duda;
Si puedes esperar, y no sentirte cansado con la espera;
Si puedes, siendo blanco de falsedades, no caer en la mentira,
Y si eres odiado, no devolver el odio; sin que te creas,
por eso, ni demasiado bueno, ni demasiado cuerdo;

Si puedes soñar sin que los sueños, imperiosamente te dominen;
Si puedes pensar, sin que los pensamientos sean tu objeto único;
Si puedes encararte con el triunfo y el desastre, y tratar
de la misma manera a esos dos impostores;
Si puedes aguantar que a la verdad por ti expuesta
la veas retorcida por los pícaros,
para convertirla en lazo de los tontos,
O contemplar que las cosas a que diste tu vida se han deshecho,
y agacharte y construirlas de nuevo,
aunque sea con gastados instrumentos!

Si eres capaz de juntar, en un solo haz, todos tus triunfos
y arriesgarlos, a cara o cruz, en una sola vuelta
Y si perdieras, empezar otra vez como cuando empezaste
Y nunca mas exhalar una palabra sobre la perdida sufrida!
Si puedes obligar a tu corazón, a tus fibras y a tus nervios,
a que te obedezcan aun después de haber desfallecido
Y que así se mantengan, hasta que en ti no haya otra cosa
que la voluntad gritando: “persistid, es la orden!!”

Si puedes hablar con multitudes y conservar tu virtud,
o alternar con reyes y no perder tus comunes rasgos;
Si nadie, ni enemigos, ni amantes amigos,
pueden causarte daño;
Si todos los hombres pueden contar contigo,
pero ninguno demasiado;
Si eres capaz de llenar el inexorable minuto,
con el valor de los sesenta segundos de la distancia final;

Tuya será la tierra y cuanto ella contenga
Y -lo que vale más- serás un hombre! hijo mío!