Tan pequeña en número como pelirosa en amenaza, la secta de Los Mensires, grupo perseguido, torturado y erradicado del mundo visible en épocas de Inquisición.Alojados en el gobi de Oriente, las voces del pueblo cuentan que su ciudad secreta todavía allí yace.
Solo la musa que me canta, y el clero de aquellos tiempos entienden el significado de sus textos sagrados, dictados quién sabe desde cual cielo, redactados quién sabe por qué mano, desangrados quién sabe por qué mentes.
Sea joven, idiota o tal vez extranjera mi luz, vendados y atónitos sus ojos ante palabras que antaño peligros mostraron y maravillas ocultaron.
Sacro biblio en verso, pero sin el dios humanizado. Muéstrame, oh musa una vez más sus palabras, aunque nada para mí signifiquen todavía. Tal vez algún ávido buscador pueda entender y develar estas pocas encontradas voces mensirescas.
En el principio Dios no había
ni profetas, ni escribas, ni mesías.
Dos Hermanos solos surgían
Apetitus nacía primero, Sententia le seguía.
Del caos nació el primogénito
El fuego a ella menor engendró
Cuando en la aurora los padres sean esféricos,
Aevum desde el centro dará su esplendor.
Apetitus se internó en los bosques
Llevando su cabra consigo
Sententia hizo claustro en la academia
Mostrándole a Tellus su obligo.
Desacoplados los hermanos
Sus sendas siempre recorrían,
Cuando en el centro encontrados
El astro brillaba en el día.
Apetitus llenaba su cántaro
en los vastos ríos del numen
Sententia trazaba su piedra
perpetrando hacia arriba su volumen.
El mayor de los hermanos
primero y único en morir.
Sententia eterna con sus manos
Hacia el sur lo llevó a dormir.
¡Sententia abre tu puerta!
¡Un nuevo niño va a nacer!
Dale tu verdad cierta
y hazle a tu hermano conocer.
Mágica y divina esfera
Tan perfecta como la vida
Tu número siempre prolifera
Sellando siempre la salida.
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Ferf (H)