miércoles, 3 de diciembre de 2008

El camino



Recuerdo aun con cariño aquellos días en que tan sólo con palabras se medía el valor de un hombre. Cuando podía tomar el camino de una encrucijada, sin pensar en lo que había quedado en el sendero contiguo. Cuando una herida grave era un simple rasguñón en la rodilla, y los puntos de sutura, un trofeo que sólo los más valientes llevaban con dignidad. Hoy todo es distinto; de alguna manera las fuerzas menguaron y el alma ha quedado a tal punto cercenada que pedirle un último vuelo es tan vano como intentar volver a aquellos tiempos. Definitivamente, sea por amores infortunados, fracasos, o simplemente situaciones adversas; una parte mia se ha perdido, ha sido dejada atrás y es una tarea dificultosa, quizá imposible, recuperarla. Sé que puedo regresar, que puedo volver los pasos, pero esa fracción de mi, eso que he perdido, no volverá donde estaba, simplemente porque ya se ha ido, dejando cada vez menos que perder, tan sólo un cuerpo desgastado, sin rumbo, ni brújulas, ni mapas; sin sentido, eternamente extraviado en la levedad de un sendero que dista bastante de un paraíso. Levedad, simplemente porque nada lo hace trascendente, tan sólo un camino donde proliferan más espinas que rosas, y yo: descalzo; respirando aires llenos de limitaciones, la mirada ajena, el qué dirán, la burla, el ridículo, la soledad; el dolor. Es largo el trecho a andar, aunque todos afirmen lo contrario, puedo ver a cada lado frondosas camas con mullidos almohadones que tienen en sus cabeceras, escritos con oro, nombres como Falsedad, Deshonestidad, Explotación. Si caigo en una de ellas, seguramente sueñe pesado durante un tiempo y más tarde tendré ganas de proseguir, pero esos catres aprisionan, su comodidad es tal que ya no podré continuar. Transcurrido un tiempo de andar por estos lares, aparecen bifurcaciones, cada vez con más frecuencia y más numerosas, aunque no me cuesta mucho imaginar a dónde llevan. Con frecuencia creciente, siento cómo mi espíritu se va petrificando, apenas el arte, retarda inútilmente el proceso de endurecimiento que de a poco me quita mis facultades, entre ellas la de llorar, la de gritar hasta el cansancio, la de golpear la tierra con mis puños y que quede en el suelo mi dolor, junto con la sangre. Ya he perdido mi ser, ya nada queda por perder, mi carne se divide ahora y ya he quedado despedazado. Tan repartido por lo que antes pisaba que nada queda de mi identidad, de mis sueños, de mi.
Sin embargo, de alguna manera inexplicable hay algo que conservo, a este pedazo de sustancia amorfa no han podido sustraerle la barbarie, no han logrado que guarde mis colmillos y mis garras retraiga, no será negociada la extinción de mis instintos, esa parte inapropiable que parece gritar"¡Resiste! aun con tu propia vida, no te postres, ciñe la pluma y la espada, aun muerto." cada parte de mi que en un proceso doloroso se ha perdido, ha ganado libertad y ha surgido un mundo nuevo. Buen momento para resurgir, buen momento para reinventar lo perdido, modificándolo con lo encontrado, buena hora para renacer, mirar el sol, inspirar el nuevo aire, ahora limpio de impurezas y afirmando los pies en la tierra continuar sin temor al dolor, sino ansioso de renacer en el sufrimiento, tantas veces como se pueda.

Garfield