martes, 30 de diciembre de 2008

Los Mensires

Tan pequeña en número como pelirosa en amenaza, la secta de Los Mensires, grupo perseguido, torturado y erradicado del mundo visible en épocas de Inquisición.
Alojados en el gobi de Oriente, las voces del pueblo cuentan que su ciudad secreta todavía allí yace.

Solo la musa que me canta, y el clero de aquellos tiempos entienden el significado de sus textos sagrados, dictados quién sabe desde cual cielo, redactados quién sabe por qué mano, desangrados quién sabe por qué mentes.

Sea joven, idiota o tal vez extranjera mi luz, vendados y atónitos sus ojos ante palabras que antaño peligros mostraron y maravillas ocultaron.

Sacro biblio en verso, pero sin el dios humanizado. Muéstrame, oh musa una vez más sus palabras, aunque nada para mí signifiquen todavía. Tal vez algún ávido buscador pueda entender y develar estas pocas encontradas voces mensirescas.



En el principio Dios no había
ni profetas, ni escribas, ni mesías.
Dos Hermanos solos surgían
Apetitus nacía primero, Sententia le seguía.


Del caos nació el primogénito
El fuego a ella menor engendró
Cuando en la aurora los padres sean esféricos,
Aevum desde el centro dará su esplendor.

Apetitus se internó en los bosques
Llevando su cabra consigo
Sententia hizo claustro en la academia
Mostrándole a Tellus su obligo.


Desacoplados los hermanos
Sus sendas siempre recorrían,
Cuando en el centro encontrados
El astro brillaba en el día.


Apetitus llenaba su cántaro
en los vastos ríos del numen
Sententia trazaba su piedra
perpetrando hacia arriba su volumen.


El mayor de los hermanos
primero y único en morir.
Sententia eterna con sus manos
Hacia el sur lo llevó a dormir.


¡Sententia abre tu puerta!
¡Un nuevo niño va a nacer!
Dale tu verdad cierta
y hazle a tu hermano conocer.


Mágica y divina esfera
Tan perfecta como la vida
Tu número siempre prolifera
Sellando siempre la salida.




***

Ferf (H)

sábado, 13 de diciembre de 2008

La Casa del Loco

Un felpudo azul mostraba sus letras escarlata diciendo "Bienvenido". Este descendiente de la estirpe alfombril, no hacía distinciones de raza, religión o estrato social. Daba su bienvenida a todos y cada uno de los seres vivos del globo.
Se empujaba la puerta de oro sólido y se entraba inmediatamente en la cocina.
En la heladera se guardaban todo tipo de recuerdos, manteniéndolos frescos para evitar la ranciedad de los mismos.
Al abrir el horno se podía sentir ese aroma a ideas caseras, preparadas diariamente con paciencia por el inquilino, quién se nutría de ellas adecuadamente.
Las paredes del comedor estaban adornadas por tres Dalí, un Picasso inédito y tres Rembrandt más.
Había en la sala de estar un tablero de ajedrez, cuyas piezas estaban continuamente en combate, aunque no hubiese ningun jugador deslizándolas. En ese mismo ambiente, uno podía mirar al exterior a través de tres ventanas distintas. Desde la primera se veía París, en la de su izquierda se podía observar Júpiter, y la tercera daba directamente al infierno.
El cuarto de dormir mostraba una cama de trescientas plazas, con sedas cosidas por la delicada aguja de la Vírgen María. Ella le había dado estas sábanas como regalo de felicitaciones al mudarse.
El placard, cerrado con nueve candados guardaba adentro las tristezas, que se apilaban en desorden y juntaban polvo por el desuso.
El grifo del baño era inutilizable, ya que no se podía uno lavar las manos con sudor de frente. El excusado estaba siempre sucio, mostrando en su superficie, asquerosos restos de ira.
En el jardín graznaban dos dodos, aleteando entre las flores de loto, mientras un pequeño dragón se alimentaba de las hojas del secuoya recién plantado.


Ferf

miércoles, 3 de diciembre de 2008

El camino



Recuerdo aun con cariño aquellos días en que tan sólo con palabras se medía el valor de un hombre. Cuando podía tomar el camino de una encrucijada, sin pensar en lo que había quedado en el sendero contiguo. Cuando una herida grave era un simple rasguñón en la rodilla, y los puntos de sutura, un trofeo que sólo los más valientes llevaban con dignidad. Hoy todo es distinto; de alguna manera las fuerzas menguaron y el alma ha quedado a tal punto cercenada que pedirle un último vuelo es tan vano como intentar volver a aquellos tiempos. Definitivamente, sea por amores infortunados, fracasos, o simplemente situaciones adversas; una parte mia se ha perdido, ha sido dejada atrás y es una tarea dificultosa, quizá imposible, recuperarla. Sé que puedo regresar, que puedo volver los pasos, pero esa fracción de mi, eso que he perdido, no volverá donde estaba, simplemente porque ya se ha ido, dejando cada vez menos que perder, tan sólo un cuerpo desgastado, sin rumbo, ni brújulas, ni mapas; sin sentido, eternamente extraviado en la levedad de un sendero que dista bastante de un paraíso. Levedad, simplemente porque nada lo hace trascendente, tan sólo un camino donde proliferan más espinas que rosas, y yo: descalzo; respirando aires llenos de limitaciones, la mirada ajena, el qué dirán, la burla, el ridículo, la soledad; el dolor. Es largo el trecho a andar, aunque todos afirmen lo contrario, puedo ver a cada lado frondosas camas con mullidos almohadones que tienen en sus cabeceras, escritos con oro, nombres como Falsedad, Deshonestidad, Explotación. Si caigo en una de ellas, seguramente sueñe pesado durante un tiempo y más tarde tendré ganas de proseguir, pero esos catres aprisionan, su comodidad es tal que ya no podré continuar. Transcurrido un tiempo de andar por estos lares, aparecen bifurcaciones, cada vez con más frecuencia y más numerosas, aunque no me cuesta mucho imaginar a dónde llevan. Con frecuencia creciente, siento cómo mi espíritu se va petrificando, apenas el arte, retarda inútilmente el proceso de endurecimiento que de a poco me quita mis facultades, entre ellas la de llorar, la de gritar hasta el cansancio, la de golpear la tierra con mis puños y que quede en el suelo mi dolor, junto con la sangre. Ya he perdido mi ser, ya nada queda por perder, mi carne se divide ahora y ya he quedado despedazado. Tan repartido por lo que antes pisaba que nada queda de mi identidad, de mis sueños, de mi.
Sin embargo, de alguna manera inexplicable hay algo que conservo, a este pedazo de sustancia amorfa no han podido sustraerle la barbarie, no han logrado que guarde mis colmillos y mis garras retraiga, no será negociada la extinción de mis instintos, esa parte inapropiable que parece gritar"¡Resiste! aun con tu propia vida, no te postres, ciñe la pluma y la espada, aun muerto." cada parte de mi que en un proceso doloroso se ha perdido, ha ganado libertad y ha surgido un mundo nuevo. Buen momento para resurgir, buen momento para reinventar lo perdido, modificándolo con lo encontrado, buena hora para renacer, mirar el sol, inspirar el nuevo aire, ahora limpio de impurezas y afirmando los pies en la tierra continuar sin temor al dolor, sino ansioso de renacer en el sufrimiento, tantas veces como se pueda.

Garfield