
Tal cual lo dice el título, Ramón Valdez, había nacido con un extraño y a la vez envidiable don, tenía en lugar de testículos normales un tremendo par de huevos de acero inoxidable. Desde el comienzo de su niñez, el pequeño Ramón, se comportaba de un modo temerario, corría como un endemoniado por las calles del barrio de La Matanza arrojando piedras a las ventanas de los vecinos a la hora de la siesta, cuando los enojados habitantes salían a putearlo, Ramoncito, con sus tiernos pero cojudos cinco años corría a su encuentro pofiriendo agudos e inentendibles alaridos, saltando charcos y cordones, casi siempre con palos, piedras o algún otro objeto que pudiera servirle de proyectil a la hora de la lid. La mayoría de los , al comienzo, enojados vecinos cerraban la puerta despavoridos al ver que un pequeño monstruito de un metro treinta de estatura se abalanzaba sobre ellos como los pieles rojas al oro. Cierta vez, el Negro Olarzábal, famoso por haber obligado a un lanzallamas del Cirque du Soleil a tomar petróleo y defecar (porque CAGAR suena feo) Fangio XXI, extra premium de 60 octanos, tuvo la osadía de esperar a ver qué podía hacer ese pequeño orangutám de bolas cromadas. En la carrera hacia el enemigo, Ramón, tomó del suelo una pesada baldosa y la arrojó cual gladiador al pillum (pesada lanza romana). El tiro fue a dar entre los ojos del Negro quien tras caer de espaldas, recibió cortas pero poderosas pataditas en los riñones. En fin, podria seguir describiendo hazañas igual de extremas, pero todos los dias mandaba alguna macana distinta, los 365 días del año religiosamente. A los 25 años, Ramón dejó su casa en la matanza para entrar en contacto con las mafias mas pesadas de la región, en vez del clásico ritual de iniciación, en el que el aspirante debe soportar durante treinta minutos una feroz golpiza, propuso que lo golpearan en las pelotas durante una hora o incluso hasta que se cansen. Los matones se cansaron a los veinte minutos. Implementando la misma estrategia de cuando chico, acostando cuando hubo que acostar, olvidando y perdonando cuando se le daba la gana, haciéndo escándalo y ladrando mucho, tardó un plazo mínimo de 15 años en convertirse en una gran influencia de la ciudad. Suele ir vestido de civil caminando por Lavalle de Jean y Leñadores a las doce del mediodía con la mirada altiva y cara de "si-no-me-gusta-como-me-miraste-lo-vas-a-pagar-con-sangre-cara-de-pelotudo". Si ves alguien así, sin dudarlo pegále un puntinazo en las bolas, para el, es un símbolo de respeto.
(Ninguno de los autores de este blog se hará cargo de internaciones hospitalarias propiciadas por golpizas a los lectores que concedan por doquier pateaduras genitales gratuitas a terceros, y tampoco de la hospitalización de éstos últimos a raíz de fuertes puntinazos en el área puberal-genital)
(Ninguno de los autores de este blog se hará cargo de internaciones hospitalarias propiciadas por golpizas a los lectores que concedan por doquier pateaduras genitales gratuitas a terceros, y tampoco de la hospitalización de éstos últimos a raíz de fuertes puntinazos en el área puberal-genital)
Garfield