Una puerta doble vidriada revestida en los bordes por acero inoxidable y dividida a la mitad por un ancho tabique de madera en sentido trasversal es lo primero que se notaba. A través de los gruesos vidrios podía divisarse con algo de esfuerzo un piso de brillantes mosaicos blancos y paredes turquesa pintadas por algun inexperto que había dejado sendas huellas por donde pasó la brocha. Al voltear hacia atrás el panorama parecía bastante alentador, un largo callejón de adoquines, con extensas areas de verde a los costados, conducían el portal de entrada, del cual sólo se podía divisar ahora la espalda, pero segundos atrás informaba que se estaba ingresando en la "Clínica Psiquiátrica de Waldau".En todo el territorio suizo es ésta tal vez, la más prestigiosa institución manicomial, ubicada en la provincia de Berna, famosa por ser no sólo la capital de uno de los países más seguros en cuanto a lo que cuentas bancarias se refiere, sino también capital de la excelencia sanitaria y la puntualidad inflexible. En cuanto a la clínica en términos específicos, se encuentra en el extremo norte del cantón de Berna, incomunicada y, en su interior, médicos y pacientes, en promedio esquizofrénicos y depresivos, convivían durante los primeros años de su funcionamiento como una familia compartiendo ratos de labor y ocio. Los internos de la clínica suelen ser motivados por los médicos y enfermeras a crear obras de arte, algunas de las cuales son ya famosas como las 25.000 páginas de textos, diseños, collage y cuadernos de música que nacieron entre 1899 y 1930 de la mano de Adolf Wölfli, quien sería considerado un tiempo después como uno de los mayores exponentes del "arte en bruto", en una foto célebre de éste personaje, podemos observarlo con una trompeta de cartón, de invención propia, entre sus manos.
Es en éste contexto donde convivían entre los más de 2500 internados, siete particularmente interesantes. Philipe Munchmayer era el primero y el líder de la conocida banda que había sido bautizada cariñosamente entre los médicos y enfermeras como los "siete locos". Con sus dos metros diez de altura, era sin embargo un tipo robusto y con mucha fuerza, de tez color cobre y ojos negros profundos y a la vez penetrantes. Padecía de ezquisofrenia paranoide , un trastorno caracterizado por llevar los rasgos más comunes de cualquier esquizofrenia (del griego schizo: división o escisión; y phrenos: mente) con predominancia de alucinaciones y delirios. Tanto especialistas como internos lo describían como una persona amable y servicial, siempre colaboraba con lo que podía y aunque no se destacaba por sus producciones artísticas era un inventor ingenioso, creador de un útil pero muy poco popular localizador de llaves.
El segundo de la tropa era Jean Pierre von Houstnik nacido en un pequeño pueblo cercano a la frontera con Holanda. En sus años mozos, la larga melena dorada y los ojos celestes y expresivos de Pierre, como lo llamaban entre los siete locos, acompañados de una piel tersa y bronceada y un físico agraciado, lo habían convertido en una estrella de las pasarelas suizas e internacionales, pero tras una noche de excesos, entre el hash, la marihuana y el alcohol, se apoderó de él un brote psicótico del que jamás regresó.
Mitchel Sartre padecía de un trastorno obsesivo-compulsivo incontrolable. Contaba todo lo que se cruzaba en su camino y con seguridad conocía el número exacto de todo aquello dentro de la institución que pudiera ser contado: 400 mosaicos en el hall de entrada, 64 remaches en el acero inoxidable de cada puerta de entrada, lo que sumaba 128 en la puerta principal, 256 en la puerta trasera, 100 ventanas a cada lado mayor del rectángulo que formaba la sede central de la clínica, en cada lado menor 25 ventanas de dos hojas cada una, lo que hacia un total de 300 ventanas, 600 hojas y 1800 varillas de roble. Podría seguir horas relatando todo lo que conocía Mitchel, pero probablemente me equivocara, cosa que el no toleraría. De hecho su capacidad reflexiva, tal vez heredada de algun pariente lejano, le habia ayudado a desarrollar una memoria supernatural, y estas dos cualidades combinadas con una sagacidad y observación envidiables, hacían de él, una persona capaz de convencer a cualquiera de que los lagartos volaban cuando nadie los observaba. Escritor brillante, nunca publicó sus escritos que en boca de sus conocidos, contenían grandes verdades reveladoras, pero en una tarde lluviosa su agudeza se convirtió en némesis y le reveló una verdad aparentemente intolerable. Lo encontraron desnudo en su habitacion, repleto de escrituras jeroglíficas por todo el cuerpo y contando frenéticamente las hojas de "La Divina Comedia". Personaje extraño, a la vista, parecía un tipo común y corriente.
Nicolas Augenthaler, era el único melancólico del grupo, a los 20 años, la Asociación Psicoanalítica de Viena le otorga el título de Profesor Emérito, y viaja por todo el mundo recolectando acreditaciones igual de prestigiosas. Petiso, regordete y de mirada alegre antes de entrar en la institución, pero, miraba ahora hacia arriba y a la derecha, siempre buscando algo, de un ida para otro dejó de encontrarle sentido a sus relaciones sociales y terminó por enloquecer.
Pierre Roebe padecía de una enfermedad extraña, se levantaba siempre con un vicio nuevo, a lo largo de su estadía, habia sido ludópata, piromaníaco, alcohólico, etc. y en los días en que su enfermedad lo dejaba tranquilo padecía violentísimos síndromes de abstinencia, los vicios habian comumido de su cuerpo, todo rastro humano.
David Forlán era un argentino, criminal, acusado de más de 25 violaciones y otros tantos homicidios, de algún lugar extraño, consiguió dinero para pagar un excelente abogado, sobornar al juez y algunos otros testigos profesionales deshonestos que lo consideraron demente. Al salir del pleito judicial, las mas de 40 familias de las víctimas lo esperaban en la puerta con el fin de cobrarse venganza. El repudio se extendió a casi toda América y mediante maniobras turbias consiguieron enviarlo a Europa para protegerlo. Los diagnósticos más recientes no mostraban enfermedad alguna que requiriera internación. Aunque si se registraba una estructura neurótica-obsesiva, caracterizada por un sentimiento de culpa generalizado y una reducción de la agresividad.
Christoph Rhaus era el último integrante de este amontonamiento y se encontraba ya cercano al alta, durante sus diez años de internación por consumo abusivo de drogas duras, habia presentado avances muy alentadores y todo parecía garantizar una reinserción social exitosa.
Aunque los siete eran en escencia distintos, sus vidas no diferían de manera significativa. El día comenzaba a las 8:00 de la mañana, recibían medicación, aseo y un desayuno nutritivo, alrededor de las 10:30 los sacaban a hacer ejercicio hasta las 11:30 donde almorzaban y dispónían de gran parte de la tarde, a las 16:00 la medicación se repetía y en su tiempo libre, los internados se dedicaban a pintar, cantar, contar, escribir, inventar y demás tareas. A las 21:30 se servía la cena y alrededor de las 23:00 se les administraban calmantes y drogas para conciliar el sueño. Todos los días, eternamente iguales.
Una mañana lluviosa, Philipe y Mitchel, disputaban un partido de ajedrez enigmático y que presentaba figuras, por lo menos novedosas, dignas de ser envidiadas por Anatoly Karpov. Philipe levantó la vista y habló:
- Cansado estoy del lugar éste - dijo
- Cinco palabras - susurró Mitchel y sonrió. Transcurrió desde entonces un largo silencio en el que el juego de ajedrez se tornó eternamente aburrido y como si en ese largo lapso ambos se hubieran comunicado, sin mediar palabra, sin mirarse a los ojos, simplemente moviendo piezas, se levantaron al unísono y se encaminaron a la par a buscar a los cinco que faltaban en esa reunión. La paz de la clínica Waldau había colmado su paciencia y la lluvia que caía despiadada sobre Berna parecía sugerir que había llegado la hora de romper con la continuidad y la monotonía.
¿Continuará?
Garfield
Garfield